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10 Ene 2013

El Pontevedrés Tomás Abeigón afirma que Santiago Ramón y Cajal fue premio Nobel de medicina gracias al Fisicoesculturismo

Author: xosmar | Filed under: General

Sí, si, no es ninguna broma, ni ningún error tipográfico por imposible que pueda parecer. A continuación les cuento la historia, increíble historia de cómo el célebre Santiago Ramón y Cajal alcanza el premio Nóbel de Medicina gracias al deporte del fisicoesculturismo.

Hace aproximadamente cuatro años y medio o quizás cinco, mi amigo de la infancia, adolescencia y ahora edad adulta el Dr. Manuel Fontoira, hijo de un prestigioso pediatra de Pontevedra y nieto igualmente de un reputado médico pontevedrés colega éste último de mi querido abuelo el Dr. Tomás Abeigón Pazos, se acercó por mi gimnasio retándome con su peculiar estilo a que no era capaz de identificar al personaje de una fotografía publicada en un libro de neurología en pose atlética. Por mi mente en aquel momento paso: en menos de tres segundos no sólo le voy a dar el nombre, sino todo tipo de referencias y detalles; y además, como resuelven los vascos sus retos, contrarrestarle, diciéndole ¿qué te apuestas?.

El caso, es que después de analizar por todos los lados la instantánea que por su colorido y aspecto parecía estar más cerca de las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira que de la era dorada de la fotografía, tuve que ceder en mi esfuerzo visual y cognitivo dejando que mis neuronas se recuperaran de tal exceso de trabajo perceptivo y memorístico, y preguntarle de forma natural a mi buen amigo el Dr. Manuel Fontoira ¿de quién (con perdón) coño se trataba?, y mi sorpresa fue mayúscula al destaparme el pie de página que decía textualmente: “El autor a los 18 años, 4 meses después de iniciada su manía gimnástica. Desgraciadamente, el desarrollo muscular es casi monstruoso, logrado al año de ejercicios violentos” y “Musculación lograda por Ramón y Cajal en su juventud, tras ejercitarse en el culturismo según un método de su invención”. Aquí se produjo el aguijonazo que introdujo el veneno de la curiosidad en mis venas, para que durante cerca de tres años dedicara varias horas diarias en la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Educación donde estudié INEF para investigar la veracidad de la instantánea fotográfica, y conocer la agitada y a la vez apasionante, inquietante y emocionante vida que ha tenido don Santiago Ramón y Cajal.

• BREVE REPASO A SU INFANCIA

Santiago Ramón y Cajal vio la luz por primera vez, el uno de mayo de 1852, en un humilde lugar de Navarra enclavado por singular capricho geográfico en medio de la provincia de Zaragoza, concretamente en Petilla de Aragón. Hijo de un humilde médico cirujano rural, don Justo Ramón y Cassaus, y de una aragonesa de pura cepa, doña Antonia Cajal, vecina de Larres (pequeña localidad cercana a Jaca), su primera infancia transcurre entre Petilla, Larres y Valpalmas en donde nacen sus hermanos Pedro, Paula y Borja.

A los ocho años llega a Ayerbe, cerca de Huesca, donde permanece el tiempo suficiente para iniciar su adolescencia y desarrollar-cultivar sus instintos y aficiones artístico-gimnásticas.

Para comprender mejor la vida de Santiago Ramón y Cajal es preciso percatarse de la influencia tan grande que tiene en su vida, su aspecto frágil y enclenque que le propiciaron de niño muchos enfrentamientos y peleas con otros chicos del pueblo. La necesidad de fortalecerse parece repeler las peleas a las que se adhería, aunque también fue poderosa razón para no hacerle olvidar el culto a lo bello.

Criado en pueblos y endurecido al sol y al aire libre, la infancia de Cajal transcurre entre los campos y los bosques, donde descubre los esplendores del sol, la magia de los crepúsculos, las alternativas de la vida vegetal con sus fastuosas fiestas primaverales, el misterio de la resurrección de los insectos, y la decoración variada y pintoresca de las montañas, lugares donde se desarrollan sus juegos.

Precisamente de éstos juegos es de lo que Cajal se siente muy orgulloso, porque según él, estos son preparación absolutamente necesaria para la vida; “merced a ellos el cerebro infantil apresura su evolución, recibiendo según los temas preferidos y las diversiones ejercitadas, cierto sello específico moral e intelectual, del cual dependerá en gran parte el porvenir”, apuntaba Cajal.

Esos juegos consistían básicamente en brincar por los campos como un saltamontes, trepar como un mono, correr como un gamo, escalar una tapia con la viveza de una lagartija, intentar levantar un peso con la fuerza de un oso, etc, etc. Al comprobar que con estos se fortalecía, resolvió entregarse sistemáticamente a los ejercicios físicos, a cuyo fin “me pasaba solitario horas y horas, ocupado en trepar a los árboles, saltar acequias, levantar a pulso pesados guijarros, ejecutando, en fin, cuantos actos creía conducentes a acelerar mi desarrollo muscular, elevándolo al vigor máximo compatible con mis pocos años”.

Hay muchos educadores que dicen que “el porvenir de un hombre está en su infancia”, por ello el juego tiene que ser la herramienta pedagógica que se debe utilizar, por esto tanto los deportes como los conocemos actualmente, como la educación física, deben ocupar un lugar preferente en los juegos, estando presentes no solo para cultivo de lo físico, sino también, para lo intelectual.

No debemos olvidar que “la inactividad constituye para el niño la mayor de las torturas; el dolor mismo, es preferido al reposo”, y por las actividades que Cajal realizó y también merced a la gimnasia incesante a la que se sometió, sus músculos adquirieron vigor, sus articulaciones agilidad y su vista perspicacia, la cual ejercitaba observando pinturas de muchos colores y libros de letra menuda, además de reconocer objetos de lejos (curiosos pasatiempos ¿verdad?).

Cajal aunque se dedicó a la medicina, hubiese sido, o mejor dicho fue un extraordinario pedagogo, pues en su faceta docente por las Universidades por las que pasó, siempre fue crítico con el método que reinaba en las mismas, que no era otro más que el “memorístico puro”, que se preocupaba de crear sólo “cabezas almacén”, en lugar de “cabezas pensantes”.

Este sabio que iba por delante de su tiempo, solía decir que: “hay realmente en la función docente algo de la satisfacción altiva del domador de potros, pero entra también la grata curiosidad del jardinero, que espera ansioso la primavera para reconocer el matiz de la flor sembrada y comprobar la bondad de los métodos de cultivo”.“Fabricar cerebros originales: he aquí el gran triunfo del pedagogo”, máxima de la que Cajal se sentía muy orgulloso.

Esta es la etapa de su vida en la que definitivamente se forja su vocación gimnástica.

El cultivo de la gimnasia le vino de un desengaño causado por su jactancia y bravuconería, al perder con gran sorpresa y dolor un reto al echar un pulso (ejercicio muy de moda entre los jóvenes de entonces) con un amigo suyo llamado Morriones, con el cual Cajal sufrió la “humillación de la derrota”, según decía el mismo. El secreto de Morriones consistía en acudir al gimnasio de Poblador para hacer gimnasia.

Al día siguiente y sin decir nada a su padre, se presentó en el gimnasio de Poblador, situado entonces en la zaragozana Plaza del Pilar, pues los gimnasios tal y como los conocemos ahora, comenzaron a funcionar a principios del siglo XIX, gracias como no, al que fuera el creador de la cultura física Hipólito Triat, un francés que descubrió su vocación gimnástica y recibió su formación académica, en un colegio de los padres Jesuitas en Burgos (España).

Después de algunos regateos con Poblador (era el dueño y profesor del gimnasio), convino en cambiar lecciones de anatomía que Poblador deseaba recibir para dar a su enseñanza cierto toque o tono científico, por lecciones de desarrollo físico o muscular. Cajal tenía un enorme interés por la anatomía, interés que despertó la practica gimnástica, y como su padre era un hábil disector y fervoroso cultivador de esta ciencia, y además ocupaba el puesto de director interino en la Escuela de Medicina de Zaragoza, el joven Cajal antes de iniciar sus estudios en medicina, ya poseía unos bastos conocimientos.

Gracias a este concierto y a su entusiasmo por las pesas que le llevaba a escaparse durante largas horas al gimnasio, y después de entrenar varios meses en el mismo sostenido por una “fuerza de voluntad que nadie hubiera sospechado en mí”. Cajal no sólo venció la revancha a su amigo Morriones, sino que además llegó a ser el campeón más fuerte del gimnasio de Poblador, quien estaba muy orgulloso de su discípulo y él entusiasmado, al reconocer “cuán fácilmente habían respondido mis músculos al estímulo del sobretrabajo“.

De aquella época de exagerado culto al bíceps, algo propio de los practicantes de la cultura física, que era como se conocía entonces al culturismo (Cajal tenía un exagerado interés por la “gimnasia forzada”, pues el término culturismo o fisicoesculturismo aún no existía, de hecho en Francia se le llamaba culture physique), don Santiago guarda dos recuerdos y enseñanzas provechosas:

La primera enseñanza hacía referencia al valor que tenía la práctica de la gimnasia en los jóvenes de entonces, haciéndoles más fuertes y más resistentes, ante las numerosas enfermedades, adversidades y epidemias que padecían quienes no tuvieran en aquellos tiempos una férrea salud con la que hacerles frente, “y más en aquellos chicos que como yo, la naturaleza no se caracterizó por sernos muy generosa”.

La segunda, hacia referencia a la adquisición de unas aptitudes morales, emocionales y psicológicas, que hacían aumentar la autoestima, la autoconfianza, el autocontrol y sobre todo la fuerza más importante de todas y de la cual Cajal hacía buena gala de ella, que era la “fuerza de voluntad”, además también potenciaba la religión de la voluntad soberana, la fe en el trabajo, la convicción de que el esfuerzo perseverante e hincado es capaz de modelar y organizar desde el músculo hasta la última espiritualidad del individuo.

Cajal comentó muchas veces, que cuando Poblador le diseñaba el programa de ejercicios que tenía que hacer, él, además de los “ejercicios oficiales“, se autoimponía un cierto programa progresivo “ora añadiendo cada día más peso a las bolas, ora exagerando el número de contracciones en la barra o en las paralelas” y así sucesivamente, de forma que si en un plazo establecido no había logrado el objetivo propuesto, añadía más a todo.

• CONTINUAS REFERENCIAS A SUS ALARDES ATLÉTICOS Y MUSCULATURA

Don Santiago que en sus libros hace muchas referencias a sus alardes atléticos, de los que se jactaba y siempre estaba dispuesto a poner en práctica, sustraigo una de estas demostraciones de fuerza que merece la pena conocer:

Un día se enfrentó a un rival de similar robustez y musculatura porque lo amenazó con descomunal paliza si no abandonaba el cortejo de cierta señorita de “rostro primaveral”, conocida entre los estudiantes como la Venus de Milo, que vivía en la calle 5 de Marzo. Enzarzado con su rival en una fuerte disputa a puñetazos en los sotos del Huerva, después de la eventual victoria de Cajal, retornaron ambos maltrechos del reto, aunque en amistosa camaradería que le llevaba a la renuncia a ser correspondidos por los amores de la dama, cuando se enteraron que era muchacha con fuerte dote, por lo que iba a parecer que no la cortejaban por amor, sino por los 50.000 duros.

Él, que se describió a si mismo como: “ancho de espaldas, con pectorales monstruosos, mi circunferencia torácica excedía de los 112 centímetros, y al andar mostraba esa inelegancia y contorneo rítmico característico de los forzudos o Hércules de Feria”, fue un hombre que supo modelar y robustecer su cuerpo con la gimnasia, alcanzando un “torso cuadrado y fornido, un recio y tostado pescuezo, unos morenos y vigorosos brazos que denunciaban a la legua al atleta forjado a base de miles de contracciones musculares propias de la y de un amor propio exasperado que hace milagros”.

Y es que Cajal lo tenía claro, “si quieres triunfar en las arduas empresas, pon en ellas toda tu voluntad, preparándote con más tiempo y trabajo de los manifiestamente necesarios”, solía decir éste insigne científico.

• ESTUDIA MEDICINA GRACIAS AL CULTURISMO

Posteriormente se traslada a Jaca donde la práctica del culturismo forja definitivamente su vocación médica, pues este deporte despertó en él un interés exarcebado por la anatomía cuya devoción era casi comparable a la sacerdotal, iniciando en 1870 sus estudios de medicina en Zaragoza, donde se licencia en 1873, por la Facultad de Medicina de la Universidad Literaria de la ciudad de la Virgen del Pilar. En 1876 obtiene el título de Doctor en Medicina y Cirugía, y un año más tarde contrae matrimonio en secreto, tras dos años de noviazgo, con Silveria Fañanas García, con la que tiene cuatro hijos, Santiago, Fe, Jorge y Paula.

Como ya dijimos, Santiago Ramón y Cajal, como todos los genios, iba por delante de su tiempo, por lo que su formación médica le obliga a considerar el ejercicio desde una perspectiva terapéutica, de manera que asimilaba la gimnasia a un medicamento. “El ejercicio es una medicina“, afirmaba, pues en aquella época el desarrollo farmacológico todavía quedaba muy lejos de la gran expansión a la que llegaría con posterioridad.

La enfermedad produce pérdida de función, a esta falta de función (que hoy denominamos incapacidad) y su reanudación, constituyen el objetivo fundamental del tratamiento por el ejercicio. Para ello, Cajal que era un autodidacta, creó un método caracterizado por la acción muscular repetida y continuada para robustecer los órganos y obtener así los máximos resultados con recursos no sólo mínimos, sino ínfimos en aquellos tiempos para lo cual se vio obligado a diseñar dos tipos de máquinas , las primeras eran “Máquinas de utilidad diagnóstica” que se utilizaban para determinar la estructura, sirviéndose de diversos elementos antropométricos, que aportaban datos sobre el peso y la talla, el perímetro de los miembros, la capacidad torácica, etc. Las mediciones de los perímetros se realizaban con simples cintas textiles centimetradas. Los sistemas dinamométricos permitían calcular la fuerza muscular. Las segundas eran “Máquinas para el tratamiento” aparatos basados en el aumento de la resistencia mediante poleas, resortes y pesas. También recomendaba movimientos de traslación, ejercicios de prehensión y de fonacía (fonación), por los efectos beneficiosos de la declamación y el canto, en el tratamiento de la tartamudez. Anecdóticamente, decía que ”el ejercicio más recomendado es el estornudo (como ejemplo vivo de la expulsión brusca de las superficialidades)”.

Volviendo a la medicina, Santiago Ramón y Cajal siempre confesó que en su temprana pasión por la anatomía influyó sus inclinaciones hacia la gimnasia culturista, que le lleva a una profunda curiosidad por el conocimiento anatómico y por ello, estudia la carrera de medicina y se especializa en anatomía, pero en este caso, en la anatomía de los tejidos y la célula vistos al microscopio (histología).

Años más tarde don Santiago desempeñaría los cargos de Ayudante Interino de Anatomía Práctica (1875) y de Director de Museos Anatómicos (1879). Precisamente aquí en el Museo Anatómico, don Santiago pasó muchas horas encerrado en las viejas dependencias anatómicas, aledañas al Hospital de Gracia, desmontando pieza a pieza la enrevesada maquinaria de músculos, nervios y vasos del cuerpo humano.

Alcanzada la cátedra de Valencia (1883), Cajal inicia su ingente aportación a la neuroanatomía, concluida tras su paso por las universidades de Barcelona y Madrid donde aquí fue catedrático de histología.

• JOAQUIN DECREF Y JOAO DE AZEVEDO, DOS DISCÍPULOS AVENTAJADOS

Joaquín Decref se relacionó personalmente con Cajal cuando entre los 16 y 19 años estudiaba la carrera de medicina en la Facultad de Medicina de Madrid, en donde don Santiago impartía clases.

Ramon y Cajal que como sabemos ya era un entusiasta partidario y practicante de la cultura física, que incluso llegó a posar como culturista en varias fotografías que ilustran éste artículo, fue el que indujo a Decref a practicar este deporte en diversos gimnasios y salas de armas, según el antiguo concepto de Triat y Amorós, afición que inculcaba a muchos jóvenes de la época, y que también era compartida por otro estudiante de medicina de la Universidad de Coimbra, el portugués Joao de Azevedo, cuyos descendientes me facilitaron una foto suya en pose atlética y me hablaron de la amistad que mantenía con Cajal, y con el célebre profesor francés Edmond Desbonnet.

La relación de Decref con Cajal debió de ser intensa, por el hecho de que éste fue quien propuso el ingreso de Decref en la Real Academia de Medicina. Por otra parte Decref junto con Gregorio Marañón, fueron los lectores de la nota necrológica dedicada a Cajal en la Real Academia de Medicina a la muerte del sabio histólogo en 1934.

Decref al concluir sus estudios médicos en 1884 con tan sólo 19 años, e influenciado por Cajal que fue el que le inculcó los valores de la practica gimnástica y quien lo introdujo en la cultura física, continuó con su formación docente en la Escuela Central de Gimnástica de Madrid , donde obtuvo el título de profesor en 1887, por lo que se convirtió en uno de los primeros profesores oficiales de educación física de nuestro país.

• Y POR FIN EL NOBEL DE MEDICINA

Nombrado ya Doctor Honoris Causa en varias Universidades europeas, como por ejemplo la de Cambridge, en octubre de 1906, desde Estocolmo y del Karolinska Institutet recibe un lacónico telegrama:”Carolinischer institut verliebet sie Nobel Preis”.

Le llega entonces, el máximo galardón al que puede aspirar un científico en el mundo, el Premio NOBEL de Medicina y Fisiología, compartido con el neurólogo italiano, y profesor de la Universidad de Pavía, Camillo Golgi, por sus estudios histológicos y coloración de las células. Cajal describió al sistema nervioso constituido por células independientes, en definitiva, por ser el creador de la “Teoría Neuronal”, la mayor contribución española a la ciencia universal.

Evidentemente Ramón y Cajal no recibió el Nóbel por su condición de culturista o difusor de la vida sana a través de las pesas, sino por su condición de médico, la cual alcanzó motivado por el interés en la anatomía, que como ya señalamos, despertó el culturismo en el, tal y como el mismo lo reconoce en varias de sus obras.

• CAJAL: SU PERFIL HUMANO

Hasta aquí casi todo lo que el lector ha podido descubrir acerca de este aragonés ilustre y muy laureado, máximo exponente de aquella conocida “promoción de sabios” de la medicina española, es lo que su dilatada biografía, desvela y delata como una mentalidad innovadora, no sólo por su faceta de atleta y científico, sino también de pensador, como demuestra el hecho de abogar por la localización en el cerebro de las virtudes del alma, como el pensamiento, el sentido común o la memoria, en lugar del corazón; debate muy activo y enconado todavía en aquel momento, facetas todas ellas que le han sido suficientemente reconocidas al margen de la ciencia.

Elegante y distinguido, le gustaba de lo bueno, lo mejor. Hiciera lo que hiciese, Cajal quería ser el número uno, y por eso era un hombre tremendamente organizado y activo, que aprovechaba el tiempo al máximo, lo que nos demuestra por un lado la fuerza de voluntad del científico y por otro, su amor propio, que era lo que marcaba su deseo de sobresalir.

Tras vivir 82 años pletóricos, Cajal decía : “todas las personas desean llegar a viejos y , en siéndolo, no quieren parecerlo”, o “hay una enfermedad crónica necesariamente mortal, que todos debiéramos evitar y que, sin embargo todos deseamos padecer: la ancianidad”, por lo que, cuando alguien le preguntaba por su salud, respondía: “el secreto de mi salud es de sobra conocido, simplemente consiste en algo tan sencillo, como practicar diariamente la cultura física o la gimnasia forzada que inicié en mi juventud”. El 17 de octubre de 1934, el científico español es nuevamente noticia internacional, al fallecer en Madrid por causa natural.

• VACUNA CONTRA LA ENVIDIA: LO ÚNICO REPROCHABLE A CAJAL

Como bien reza este subtítulo, lo único que podemos reprocharle a don Santiago Ramón y Cajal, y en esta afirmación coincide conmigo su amable nieta doña María Angeles Ramón y Cajal Junquera, portavoz de sus herederos, y a quien le debo la autorización para la publicación de algunas de las fotos que ilustran este trabajo, que después de ver el trato que se le ha dispensado al llamado Legado Cajal y comprobar la existencia de los detractores que le han salido al genio de su abuelo, es como este hombre, con su enorme talento y su demostrada capacidad de conseguir todo aquello que se propusiese, no se hubiera dedicado a descubrir la vacuna para esa gravísima enfermedad extendida casi a modo de epidemia por todo el territorio nacional, y para la cual no se ha encontrado hasta la fecha antídoto alguno, que es la envidia.

• EPÍLOGO

Para terminar, simplemente añadir que lamento infinitamente que el tiempo no me brindase la oportunidad de conocer a este sabio español, que con Einstein es el científico con mayor número de citas bibliográficas, y con el que estoy convencido entablaríamos una estupenda y sólida amistad, no sólo por nuestra afición común a un deporte tan noble como el fisicoesculturismo, que hoy en día practican millones de personas en todo el mundo y que se ha convertido en algo más que un deporte , en un “estilo de vida”, sino también, por nuestra peculiar forma de ver la vida.

Por todo ello, quiero dedicarle este mega-artículo a don Santiago Ramón y Cajal, como homenaje no sólo por su contribución a la ciencia y a la humanidad en el campo de la medicina, sino también, por las enseñanzas y consejos para la vida que nos ha dejado a muchos jóvenes que como yo, han encontrado en el deporte y más concretamente en el culturismo un instrumento seguro de salud y belleza. Gracias de corazón a don Santiago Ramón y Cajal.

NOTA DEL AUTOR: Dada la gran extensión del artículo, he decidido omitir las referencias bibliográficas que ocuparían casi tanto espacio como éste.

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Por Tomás ABEIGÓN (abeigon@yahoo.es) / Tel. 607 477 360

– Licenciado en Ciencias del Deporte por la Universidad de Vigo

– Master en Musculación Deportiva

– Entrenador Nacional de Halterofilia

– Entrenador Nacional de Fisicoculturismo y Musculación

– Entrenador Nacional de Fuerza Aplicada

– Profesor de Culturismo y Profesor de Musculación, ambos diplomas expedidos por la Federación Española de Judo y Deportes Asociados.

– Diplomado como Profesor de Cultura Física por las Escuelas: Rouet (Francesa) y Weider, Atlas (Americanas).

– Campeón de España de Fisicoculturismo Natural en 1996

– Galardonado con el premio nacional “Intergym´s de Oro” al mejor trabajo de investigación los años 1999, 2000 y 2001

– Posee el “Diploma de Honor al Mérito Fisicoculturista” (la más alta distinción que se puede alcanzar en España sobre éste deporte).

– Director del Gimnasio “Taller Corporal” de Pontevedra desde 1989

– Historiador del “Deporte del Hierro”

– Autor de varios libros e infinidad de artículos sobre el tema de las pesas

– Presidente de NABBA ESPAÑA (Organización más antigua de fisicoculturismo que a nivel internacional organiza el Mr. Universo)

– Juez Internacional en el Mr. Universo (único en España)

– Poseedor del “Medallón de Triat” que lo acredita como el único heredero en el mundo de la filosofía de la “Escuela Francesa”, que aceptó de la mano de su Profesor con la obligación de cederlo antes de morir al discípulo que el elija.

Un Comentario a “El Pontevedrés Tomás Abeigón afirma que Santiago Ramón y Cajal fue premio Nobel de medicina gracias al Fisicoesculturismo”

  1. Bueno, ya lo he leído y además de estar bien escrito es una reflexión lúcida sobre la desmitificación del culturismo como un deporte ajeno al intelecto y a la ciencia. La línea iniciada en Cajal pasa por Arthur Kravan e Yves Klein…un abrazo. Antón

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